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REDVISUAL - ISSN: 1697-9966

Inicio arrow Revista Nº 7 arrow Libros arrow Hernández, Fernando (2007) Espigadores de la Cultura Visual
Hernández, Fernando (2007) Espigadores de la Cultura Visual PDF Imprimir E-Mail
LIBROS
Hernández, Fernando (2007)
Espigador@s de la Cultura Visual. Otra narrativa para la educación de las artes visuales
Barcelona, Octaedro
A diferencia de su complejo y extenso “Educación y cultura Visual” (uno de los referentes de la Educación Artística en nuestro país), este nuevo texto de Fernando Hernández es sorprendentemente breve. Su lectura es, además, cómoda y secuenciada.
Pero no nos llamemos a engaño con esta brevedad: de nuevo es un libro excelente, con una fundamentación epistemológica impecable.
Desde el prólogo, Fernando Hernández enuncia aquellos desafíos fundamentales que tiene que afrontar la Escuela, y que pienso se articulan en torno a un desafío/certeza que no puedo dejar de compartir: “lo que sucede en la escuela puede ser apasionante”. Tras ese prólogo, nos introducimos en un agudo análisis de cuáles son los cambios fundamentales en la Escuela y en los mundos del Arte, la visualidad, las representaciones sociales e identitarias, los saberes de la educación…Cambios que nos conducen a la necesidad de revisar las narrativas dominantes en la Educación, y más específicamente en la Educación de las Artes Visuales. A partir de aquí, y basándose en los [aún para muchos] novedosos estudios de Cultura Visual, se propone una propuesta educativa “para la comprensión crítica y preformativa”, que propugna los alfabetismos múltiples (frente a la alfabetización visual formalista y limitadora que aún sigue vigente), que se basa en preguntas germinadoras (y que, como Freire, rechaza el saber “bancario”), que afirma la capacidad del alumnado para abrir vías de investigación, para cuestionar, cuestionarse, preguntar y preguntarse, husmear y construir conocimiento. Conocimiento relevante, para el que se trabaja desde la consciencia de que construir una actitud crítica va entrelazado con las políticas del placer y de la construcción de las identidades en que están inmersos los alumnos. Eso obliga al máximo respeto al alumno como sujeto que tiene que mantener su autonomía, y a ser consciente de que trabajar con temas como la identidad o el poder puede acabar haciendo que para el alumno “toda su vida quede bajo el control de la Escuela”, lo que jamás debe ser es el objeto de la Escuela, como deja claro el libro.
Desde luego en todo este proceso se exige un nuevo rol docente (que no es ni protector ni catastrofista), y una nueva consideración de los saberes escolares y de la necesidad de estar en el mundo, de estar atento a lo emergente, de ser al final espigador@es, de acompañar a los alumnos cuando ellos lo sean, cuando construyan su conocimiento no desde la reiteración y la reproducción, sino desde la comprensión compleja (Hernández cita en varias ocasiones al fascinante Edgar Morin) y el “ojo curioso” (según palabras de Rogoff). Un ojo que es consciente de que las narrativas visuales median la realidad, contribuyen a construir la identidad, sirven al poder y las ideologías, posicionan al sujeto, etc., etc. Un ojo que no sólo mira, sino que construye narrativas alternativas, que facilita las resistencias y los posicionamientos. Para ello, eso sí, Fernando Hernández nos propone –como es su línea habitual- utilizar proyectos de trabajo.
Sin duda vale la pena leer este libro. Se alegrarán de hacerlo, aunque como dicen las palabras de Magaluzzi con las que Hernández finaliza su discurso, “todo este saber no nos salva de lo que no sabemos”. Más que una solución definitiva, lo que encontrarán es una invitación y mucha información fruto de la experiencia y un profundo conocimiento para hacer de la enseñanza y la Escuela algo mucho mejor; apasionante.
José Pedro Aznárez
 
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