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REDVISUAL - ISSN: 1697-9966

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Nieto Santos, María del Carmen: Espacios pervertidos. Auschwitz: La otra realidad. PDF Imprimir E-Mail

ESPACIOS PERVERTIDOS. AUSCHWITZ: LA OTRA REALIDAD

Mª del Carmen Nieto Santos Descargar pdf


RESUMEN

Es difícil hablar de espacios pervertidos y no detenerse en los Panópticos. El Panoptismo es una idea arquitectónica pensada para hacer más eficaz el poder sobre los sujetos por medio del espacio. ¿Y existe un ejemplo más evidente del uso del espacio como muestra de poder que Auschwitz? Es el espacio pervertido por excelencia, un emplazamiento concebido para aniquilar, un lugar donde la realidad es cambiada, un No-lugar.

Panóptico, Auschwitz, No-lugar, Campo de concentración


ABSTRACT

It is hard to talk about ill-fated or perverse places without referring to the Panopticon. The Panopticon is an architectural idea by which control over inmates is achieved using continuous surveillance from a remote observation post. Does a more unmistakable reference to space as illustration of power than that of Auschwitz exist? Is it by excellence that the perverse space is a location envisaged to annihilate, a place where reality is altered, a non-place?

The Panopticon, Auschwitz, Non- Place, Concentration camp.

 

ESPACIOS PERVERTIDOS. AUSCHWITZ: LA OTRA REALIDAD

Mª del Carmen Nieto Santos (recibido en Junio de 2007, aceptado en Julio de 2007)

La metáfora de ser y ser visto es esencial para comprender nuestro mundo, donde las categorías de ver, oir y decir se entremezclan y se confunden. En la sociedad actual nos observan en todas nuestras actividades cotidianas, llegando la imagen a sustituir a la propia realidad. La vigilancia electrónica nos rodea, las cámaras han invadido todos nuestros espacios y muchas veces olvidamos que son un arma de doble filo, ya que por una parte aumentan nuestro poder y control (poder de la información) y, por otra, nos hace vulnerables a la manipulación, nos lleva a la pérdida de la libertad y a la violación de nuestra intimidad. Las nuevas tecnologías y los métodos de vigilancia han transformado las relaciones sociales e interpersonales confundiéndose lo público y lo privado. Estamos ante la “tecnología panóptica”, donde todo pasa por la mirada de la vigilancia, vivimos en una sociedad en la que reina el panoptismo.

Este término, Panóptico, no podemos obviarlo al hablar del tema que nos ocupa, los espacios pervertidos. Panóptico es igual a visión total, control absoluto, citando a Foucault “El espacio es un ambito de poder que hace de una multiplicidad desordenada y ociosa, una fuerza útil y ordenada”. El diseño panóptico ha sido considerado como símbolo del poder, consistente en mantener a los individuos inmovilizados: no podían moverse porque estaban vigilados.
El primero en hablar de Panópticos fue el filósofo Jeremy Bentham al diseñar en 1791 el Panopticón, un centro penitenciario que definió como "forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que vale tanto para las escuelas como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas”. El diseño consistía en un lugar en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro donde se situaba el vigilante. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior (lo que permitía que la mirada del vigilante pudiese atravesarla) y en cada una de ellas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo, un obrero trabajando o un prisionero. Este diseño tenía un objetivo claro, el permitir a un vigilante observar (opticón) a todos (pan) sin que éstos puedan saber si están o no siendo observados. La vigilancia, dentro del panoptismo desempeña un rol destacado y su objetivo fundamental es "vigilar a los individuos antes de que la infracción sea cometida" por eso se la simboliza por un ojo siempre abierto.

Este diseño, más barato que el de las prisiones de la época, fue tomado como modelo en la Cárcel Modelo de Madrid o la Cárcel de Caseros de Buenos Aires.

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Michel Foucault en su obra “Vigilar y castigar” partió de este diseño como ejemplo de una nueva tecnología de observación cuyo fin sería crear una sociedad panóptica o disciplinaria. El objetivo clave de esta moderna sociedad sería formar cuerpos dóciles y moldeables a través de tres procesos: vigilancia continua y personalizada, mecanismos de control con castigos y recompensas y, por último, la corrección para adaptarse a las normas prefijadas. Se entiende al individuo como perteneciente a un grupo al que se disciplina gracias a unas instituciones (prisión, escuela, fábrica,...) denominadas estructuras de vigilancia, cuyo último fin es el control de estos individuos por parte de los poderes políticos y económicos.

Quizá el culmen de este modelo de sociedad controlada lo encontramos en el libro “1984” de Orwell (escrita en 1948), donde el individuo está inmerso en un espacio controlado por todo tipo de medios de vigilancia. La estructura de esta novela se basa en otra soviética, “Nosotros” obra de Zanyatin en 1920, que cuenta la perspectiva de un grupo de personas “concienciadas” por la colectivización que no entienden ni aprueban el individualismo. En ambas novelas el poder está centralizado (“Bienhechor” o “Gran Hermano”) y se mantiene gracias a la vigilancia constante y precisa, con el fin de formar y disciplinar a los ciudadanos.

La Revolución Industrial llevó los métodos de disciplina y vigilancia a las fábricas, como podemos apreciar en el “Taylorismo”, sistema en el que un experto vigilaba y controlaba a los sujetos midiendo la productividad. Esta vigilancia y control en los centros de trabajo continúa hoy, aunque acentuada por el uso de las nuevas tecnologías.

Si el Panoptismo es una idea arquitectónica pensada para hacer más eficaz el poder sobre los sujetos por medio del espacio, uno de los ejemplos más significativos de esta realidad pervertida sería el campo de concentración de Auschwitz. Es un ejemplo evidente del uso del espacio como muestra de poder con un objetivo claro: la aniquilación.

El primero de los campos de Auschwitz (Auschwitz I o campo central), con unos 40 kms2, se empezó a construir en Mayo de 1940 por las SS en un antiguo cuartel de la monarquía austro-húngara. La construcción comprendía 28 edificios de ladrillo de dos plantas, así como otros edificios adyacentes de madera.

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La edificación estaba rodeada por dos alambradas de espino con corriente de alta tensión y en un letrero sobre la puerta de entrada al campo se podían leer las cínicas palabras “Arbeit macht frei” o lo que es lo mismo "El trabajo os hará libres". Dentro de estos muros se congregó toda la crueldad, infamia y aberración que puedan pasar por la mente humana, lo que transformó el lugar en un verdadero infierno.

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Al igual que la mayoría de los campos de concentración alemanes, Auschwitz I se construyó para cumplir tres objetivos: primero, encarcelar por un periodo indefinido a los “enemigos” del régimen nazi; segundo, suministrar mano de obra forzada para las empresas afines y, por último, tener un lugar donde eliminar físicamente a grupos escogidos de población. Este campo se completó con la construcción en Octubre de 1941 de Auschwitz II o Auschwitz-Birkenau, pensado desde sus inicios como campo de exterminio. Éste, mucho más extenso que el campo central, comprendía 250 barracones de madera y de piedra, llegando a albergar, en 1943, a aproximadamente unas 100.000 personas.

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Auschwitz es la personificación de las atrocidades del siglo XX , representando el lugar donde se llevó a cabo un genocidio planificado y organizado hasta los más mínimos detalles. Los prisioneros no sólo fueron asesinados brutalmente, sino que miles de ellos murieron de hambre, y otros fueron obligados a realizar trabajos forzados bajo condiciones infrahumanas hasta morir de agotamiento. El método más eficiente utilizado en el exterminio fue la muerte por gaseamiento, concretamiente por el uso del ácido cianhídrico “Zyklon B”, el cual, en un espacio herméticamente cerrado, se evaporaba a la temperatura del cuerpo, provocando en muy poco tiempo (entre 3 y 15 minutos) la muerte por asfixia. Los primeros gaseamientos tuvieron lugar en Septiembre de 1941 en Auschwitz, trasladándose en 1942 a Birkenau donde estaban las cuatro grandes "fábricas de la muerte". Esta misma “eficacia” se aplicaba en los crematorios donde se llegaron a quemar unos 5000 cadaveres a diario hasta que, en 1944 en plena “Solución final”, se alcanzó la cifra de 24.000 personas al día. Las cenizas de los muertos servían de abono para los campos, para el drenaje de pantanos o, simplemente, eran vertidas en los ríos o estanques de las cercanías.

Dentro del campo existía una separación espacial entre los sexos. En marzo de 1942 se estableció en el campo central (Auschwitz I) la primera sección para mujeres, separándola del campo de hombres por un muro de ladrillos de dos metros de altura, pero este “campo de mujeres” fue desmantelado en Agosto de 1942 siendo trasladadas a Birkenau.

Las mujeres física y psíquicamente se derrumbaron antes que los hombres, convirtiéndose, por ello, también antes en un "musulmán" (aquellas personas más abatidas y derrumbadas por la vida en el campo). Su sufrimiento en los barracones abarrotados todavía era mayor, si cabe, que el de los hombres, no sólo por la falta de espacio sino también por las medidas e instalaciones sanitarias insuficientes, las infinitas revistas y los malos tratos recibidos por las mujeres-guardias de las SS que igualaban en crueldad y en dureza a sus colegas masculinos. Todo esto llevó a que la media de esperanza de vida de las mujeres en el campo fuese un 50% inferior a la de los hombres. Para agravar todavia más su situacion las mujeres también tenían que prestarse a experimentos médicos, destacando por su crueldad los del Dr. Schumann (esterilización con rayos X), Dr. Clauberg (esterilización con preparados químicos, inseminación artificial de las mujeres, castración de los hombres) y Dr. Mengele (experimentación con gemelos e investigación racial). Esta diferenciación de género se aplicaba también en los hornos crematorios donde demostraron que los cuerpos ardían más rápidamente si se colocaba un hombre debajo, un niño en medio y una mujer en la parte superior.

También fue especialmente dramática la situación de los niños deportados a Auschwitz. En una primera selección los más pequeños eran asesinados de inmediato junto con quien los llevase en brazos. Los niños varones se convertían en aprendices de albañil en la construcción de los hornos crematorios de Bikernau y, tras concluirse estos trabajos en 1943, se les asesinó inyectándoles fenol. Fueron muchos los que sufrieron abusos sexuales por parte de los SS o los capos (prisioneros con un status especial, eran los más crueles y brutales).

Auschwbitz es un ejemplo claro de No-lugar, es otra realidad, una realidad construida y hecha con el único fin de dar muerte. Estamos ante el espacio del poder absoluto, donde la vida no vale nada; sólo sales de allí para trabajar o para morir. No podemos olvidar que poder es igual a impunidad, es decir, poder hacer cosas socialmente prohibidas para otros sin recibir castigo. Este poder, que produce sumisión aceptada, se basa en la fuerza bruta, las armas o la anulación personal que lleva a la descomposición moral del prisionero. Los presos perdían la fe en el futuro y, sin eso, se abandonaban al aniquilamiento físico y mental.

Dentro de los límites del campo los prisioneros ven que su vida no tiene más objeto que el de sufrir y morir. Viven en una realidad cambiada, en una realidad pervertida donde la persona deja de serlo y se convierte en un número ¿y a quién le importa la vida de un número?. Precisamente para evitar ser un número en una lista luchas contra tus compañeros, lo único importante es que tu número se tache, aunque ello signifique que otro ocupa tu lugar. Todo esto se agrava porque la duración del tiempo en el campo no es sólo incierta, sino ilimitada y, por esto, la única preocupación de los prisioneros es la supervivencia diaria e inmediata. El hombre, al perder su escala de valores, se deshumaniza y si no es capaz de luchar contra esto termina rebajando su existencia a la de un animal. Sólo los que luchan contra el peso que ejerce sobre ellos el espacio del campo podrán huir, aunque sólo sea mentalmente, de la influencia brutal del entorno.

Para los prisioneros de Auschwitz las otras realidades fuera del campo no existen. Citando al psiquiatra Viktor E. Frankl en su obra “El hombre en busca de sentido”: “Lo que sucedía fuera del campo, lo que era la vida normal, adquiría para el prisionero un aspecto fantasmal. La vida fuera le parecía casi como lo que podria ver un hombre ya muerto que se asomara desde el otro mundo”.

La fuerza y el poder de un espacio como Auschwitz lo podemos revivir hoy al visitar el Museo Estatal del Holocausto Nazi situado en el propio campo al lado de la población polaca de Oswiecim, a 60 Kms de Cracovia. Se conservan, cuidadosamente restaurados, barracones, torretas, enfermería, calabozos y demás instalaciones del campo. “El Museo intenta no sólo presentar los acontecimientos históricos, sino sobre todo perpetuar la memoria de las víctimas del campo, presentar no sólo el número, sino a personas concretas, de carne y hueso, personas que fueron deportadas aquí y que en la mayoría de los casos aquí murieron”, señalan los profesores polacos Teresa y Henryk Swiebocki. El Museo realiza investigación científica, edita sus propias publicaciones, prepara exposiciones, desarrolla actividades de debate, organiza conferencias, seminarios, simposios y estudios de postgrado para profesores, estudiantes y alumnos de Polonia y de todo el mundo.

Aunque nos pueda parecer un lugar desagradable o al menos desapacible al que no imaginamos en nuestras vacaciones (o al menos fue la impresión que tuve yo al enterarme que estaba dentro del circuito que iba a realizar), nada más lejos de la realidad. Es un espacio sobrecogedor donde, desde que atraviesas la puerta, el peso de la historia cae sobre ti invitándote a la reflexión más profunda y es que como reza en uno de los paneles del Museo: “A veces la mejor forma de conocer la historia es volver a vivirla”. Es un lugar que todos deberíamos visitar al menos una vez en la vida, en este caso es necesario viajar para no olvidar.


BIBLIOGRAFÍA:

Forges, Jean-Michel de (2006) “ Educar contra Auschwitz: Historia y memoria”. Anthropos Editorial
Foucault, Michel (2002) “Vigilar y Castigar”. Siglo Veintiuno
Frankl, Viktor E (2003) “El hombre en busca de sentido”. Herder
Rees, Lawrence (2005) “Los nazis y la solución final". Crítica
Semple, Janet (1993) “ A Study of the Panopticon Penitentiary”. Oxford
University Press

 
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